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Historia de Ardales


Historia de Ardales

El origen del pueblo, como asentamiento urbano, se remonta a la Edad del Cobre, como así lo atestiguan los vestigios hallados en la cueva de Doña Trinidad Grund (o de Ardales), procedentes del Paleolítico. Estas cuevas también son conocidas como de Calinoria y fueron descubiertas en 1821 tras un terremoto.

Los romanos, más tarde, fortificaron el núcleo construyendo un castillo, en la llamada Peña de Ardales, en torno al cual se fue creando el pueblo. Ardales fue conquistada por el emir Alhur al Tagafi en el 716, el cual le dio la categoría de villa y el nombre de Ard-Allam, que significa "Jardín o tierra de Dios". Los antiguos sucesos acaecidos en este pueblo ya eran narrados por Plinio. El castillo de la Peña de Ardales o de la Estrella, romano y árabe, fue, como decíamos, el que promovió y expandió las edificaciones del pueblo hasta los pies de la iglesia, edificio mudéjar de gran interés.

En el siglo noveno, Ardales cobró un gran protagonismo que le hizo entrar en todos los tratados históricos. El caudillo Omar Ibn Hafsun se enfrentó al poder de Córdoba estableciendo su cuartel general en Bobastro. La fortaleza de Ardales y Turón por el oeste, el castillo de Teba por el este y el de Álora por el sur formaban el arco defensivo de Bobastro y la zona de influencia al unirse los vecinos a la causa de Omar ben Hafsun. El castillo de Ardáles, situado en plena frontera, era, por tanto, una plaza codiciada por árabes y cristianos.

Se puede decir que el municipio y su núcleo urbano se crearon, pues, tras la conquista del castillo por las tropas cristianas en el año 1389, cuando durante el reinado de Juan I se firmó el Pacto de Ardales dando origen a un término municipal de más de 10000 hectáreas.

La organización de sus calles es de dentro a fuera, con numerosos recodos. Son las casas las que han prevalecido sobre las calles lo que hace que el pueblo sea, en sí, un recinto abierto al exterior siendo éstas las que lo han conformado en la clásica fórmula árabe. El resultado es calles laberínticas, tortuosas e inverosímiles que hacen de Ardales un pueblo acogedor y que, a la vez, facilita la vocación ermitaña.

Dos personajes ilustres nacieron en Ardales: la novelista María de Mendoza (1821) y Rafael Andrade (1856). Respecto a las tierras ardaleñas decir que son distintas a las de otras elevaciones de la comarca, sobre todo por las aportaciones de su entorno. Muestra de ello es el desfiladero de los Gaitanes o la Garganta del Chorro (profundo tajo de 400 metros); o las ruinas de Bobastro, iglesia mozárabe del 898 tallada en roca.