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Historia de Álora


Historia de Álora

Álora situada al pie de la Sierra de Hacho, sobre un monte quebrado y con gran declive, ha estado poblada desde la Prehistoria, según atestiguan las hachas neolíticas halladas en la Cueva de Doña Trinidad, ubicada en el paraje conocido como el Hoyo del Conde, a un kilómetro de la villa o en el Sabinal.

Y es que su historia se pierde en el túnel del tiempo. Podríamos decir que es uno de los asentamientos urbanos más antiguos de la provincia de Málaga, como así lo atestiguan los hallazgos anteriormente mencionados o el hecho de que fuera ciudad íbera, según lo demuestra el alfar del arroyo Hondo. Más tarde los fenicios también se beneficiaron de las óptimas condiciones del valle del Guadalhorce. Fueron los que levantaron el castillo que los romanos, posteriormente, reforzaron. Tal y como describió Plinio, pueblo y fortaleza conocieron el ataque de Viriato.

Desde las cumbres del Hacho, desde el Monte Redondo, se puede otear el mar. De allí vinieron los romanos y los árabes y, entre ambas civilizaciones, pero por tierra, los visigodos.

De todos modos el mayor legado lo dejaron los romanos y los árabes, como se puede observar en los restos de quintas en Villa Pompilla Canca o en la Alcubilla así como, por supuesto, en el propio castillo que conserva vestigios de los dos recintos que lo constituían. Al amparo del castillo surgió la población, que en tiempos de los romanos recibía el nombre de Iluro y en el de los árabes de Alura.

El municipio se incorpora a la Corona de Castilla en el año 1484, cuando es conquistada por los Reyes Católicos, siendo el alcaide árabe Ali El Bazi. La rebelión de los moriscos durante el reinado de Felipe Segundo se saldó con la venta como prisioneros de muchos de los rebeldes. Finalmente en el siglo diecisiete, concretamente en el año 1628, Álora se independiza para "siempre jamás" del municipio de Málaga, tal y como finaliza el acta de confirmación de segregación firmado por Felipe Cuarto.

Álora es un municipio eminéntemente agrícola y basado en el monocultivo, lo que dificulta la mecanización y, por tanto, limita la producción. Destaca el olivar y, fundamentalmente, las naranjas y los limones (tienen una de las mayores producciones de toda España). En cuanto a su cabaña ganadera, destaca en caprino y en ovino. También es significativa su masa forestal en la que predominan los pinos, las encinas y los algarrobos.

El pueblo tiene tres estaciones de tren y unas calles dignas de recorrerlas: del Barranco, Rosales, Negrillos.... En la plaza Ancha hay una placa conmemorativa que dice así: "El ingenioso hidalgo don Miguel de Cervantes Saavedra ejerció en este lugar por los años de 1587 a 1593 su empleo de comisario del rey. En memoria suya se levantó este edificio el año de 1967". En la convergencia de las calles Cantarranas y Algarrobo con la de Carmona hay un monumento, dedicado por el pueblo, a la mujer "faenera" la cual está erguida sobre un pedestal con un cesto de mimbre y frutos que han sido recolectados en el campo.

Finalmente, no se puede dejar de mencionar el cariño que este municipio muestra por su patrimonio natural. Protagonista es el agua, en este pueblo y en toda la comarca, porque lo es el río Guadalhorce. En su camino al mar encontramos el desfiladero de los Gaitanes, con el Caminito del Rey adosado a las paredes rocosas. Y los embalses, aportaciones del hombre al paisaje y fruto de las lógicas necesidades. Y, vayamos por donde vayamos, seguiremos viendo huellas de la historia, como la necrópolis de Villaverde o la misteriosa iglesia rupestre que los mozárabes excavaron en Bobastro.